Hacer una lista de deseos, de lo que queremos tener, ser o alcanzar no es tarea fácil. Dejamos nuestra zona de confort para darnos cuenta que aun dedicando horas de meditación a la búsqueda de nuestra razón de ser, nos quedamos cortos o, peor aún, en blanco. ¿Será que nuestra siempre cultura pragmática nos bloquea los sueños? ¿Qué crees? Pues sí. Es hora de dejar de preguntar equivocadamente cómo voy a hacer realidad mi sueño y comenzar a creer que una vez el sueño esté claro en nuestra mente, ésta trabajará en el “cómo”. Y ¿por qué eso es así? Bien, primero por lo que mencionamos anteriormente, la búsqueda de la verdad no es un ámbito de la razón sino del corazón. Interprétalo como mejor te plazca. Segundo, porque al preguntarte el cómo, tu mente práctica te comenzará a traicionar, halándote al duro concreto sobre el que estás parado, impidiéndote volar. Lo que esto significa es que tenemos miedo de ser grandes, de realizar nuestros sueños si estos involucran tareas grandiosas que creemos imposibles por ser más grandes que nosotros mismos. No es así.Volvemos a la lista de sueños y deseos. Es ahora quizás una larga lista de cosas que quieres tener, una recopilación de logros que quieres alcanzar o una combinación de ambas. Lo que buscamos está en esa lista, pero no es evidente. Más que ver los renglones de la lista hay que preguntarse por el fin que subyace en ellos. Cuando tenga esa casa, ¿cómo me voy a sentir? Cuando escriba ese libro, ¿qué sentirán aquellos que lo lean? Cuando esté al final de mi recorrido temporal por este plano, entiéndase el eufemismo, ¿estaré feliz de mis logros y de mi legado? En fin, ¿habrá valido la pena?
Regresa a menudo a la lista y escribe en ella detalles, enriquécela con dibujos o fotos, aderézala con esos sabores que te hacen feliz. Completa una visión fija que es como una brújula que te indica el camino, que no cambia a pesar de tu entorno.
Las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles.
Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños.
Anatole Francés (1844-1924) Escritor francés.
Por Alexis Páez para Cambios y Caminos.



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